La lectura en la era digital, ¿cómo encontrar un equilibro entre libros y pantallas?

lectura en la era digital

¿Podemos encontrar un equilibrio entre libros y pantallas?

La tecnología digital ha cambiado nuestra sociedad y la forma en que interactuamos, llegando a transformar los medios de comunicación y transmisión de conocimientos más convencionales, incluyendo a los libros. Los dispositivos móviles como teléfonos inteligentes y tabletas han ido abarcando cada aspecto del entretenimiento, la comunicación y la reproducción de información, por lo que los nuevos lectores se enfrentan a retos nunca antes experimentados por padres y maestros: un uso excesivo de gadgets electrónicos.

¿Tienen un impacto positivo o negativo? Ahondemos un poco al respecto.

Aunque las tecnologías de la información han desarrollado el potencial humano en distintos aspectos, su capacidad para fomentar la lectura entre los niños se sigue poniendo en duda. A pesar de la evidencia que demuestra su papel positivo en la alfabetización inicial y la lectura temprana, el papel de los padres y cuidadores sigue siendo primordial para darle un uso correcto a estos dispositivos.

El mero acto mecánico de escribir agrupando letras no implica de por medio comprender lo que se escribe, así como tampoco escribir letras agrupadas significa entender lo que estamos escribiendo. El cerebro humano funciona como un músculo, tiene la capacidad de aprender a descifrar y codificar mensajes, pero debe ser entrenado en esa dinámica de repetición para convertir las formas y códigos en palabras ordenadas con un significado en concreto.

Es entonces donde la dinámica de aprender a leer y escribir se ha modificado por las nuevas tecnologías y su intromisión en la vida de los niños. Ambas actividades, que anteriormente se enseñaban a la par, ya no guardan la misma relación que antes. Y es que anteriormente se enseñaba a escribir palabras y a identificarlas casi al mismo tiempo, comenzando por el abecedario, palabras sencillas, nombres propios, hasta llegar a formar oraciones, en un periodo que abarcaba del jardín de niños hasta el primer año de educación primaria.

Hoy en día la proliferación de dispositivos móviles ha cambiado esta forma de enseñar y aprender, que, si bien poco se ha modificado en las escuelas, en el ambiente familiar los niños acceden a otras enseñanzas por la facilidad de encontrar estas tecnologías en su cotidianidad. Los pequeños aprenden a buscar sus contenidos favoritos, a utilizar aplicaciones y juegos cuando algunos ni siquiera tienen edad para asistir al jardín de infantes.

Podemos meditarlo de la siguiente manera: hasta hace unos años, cuando escuchábamos o leíamos una palabra desconocida recurríamos siempre al diccionario. Esto implicaba buscar el tomo correspondiente, repasar el abecedario, hojear el libro hasta encontrar la palabra deseada y entender el contexto que la envolvía. La repetición de estas búsquedas generaba un hábito que nos ayudaba a entender mejor el lenguaje, conociendo nuevas palabras y nuevos términos, lo que ayudaba a entender el papel de los libros como fuentes de conocimiento, pero también de curiosidad y de diversión.

Con la popularización de la tecnología móvil, ahora basta con abrir un buscador o un asistente de voz para encontrar casi automáticamente miles, o incluso millones de resultados. Pero, ¿esto fomenta la lectura?, ¿estimula las habilidades cognitivas?, ¿despierta la curiosidad?, ¿tiene un efecto positivo similar al de buscar en varios tomos de un diccionario?

Por sí solos, los libros o los dispositivos electrónicos no representan una ventaja o desventaja para la educación. Son herramientas que pueden utilizarse en beneficio o en prejuicio de la creación de hábitos adecuados para el aprendizaje. Es mediante la correcta orientación de sus padres que los niños aprenden a utilizar estos equipos como herramientas de apoyo, inculcando e interactuando positivamente con ellos, guiándolos en la selección de contenidos, limitando su uso para actividades formativas y regulando el tiempo que pasan jugando o viendo contenidos lúdicos.

La edad en que un niño es expuesto a un dispositivo electrónico también es importante, ya que anteriormente los niños se exponían a televisores alrededor de los 4 a 6 años, hoy en día un niño de 2 años puede ser capaz de manipular un dispositivo móvil, lo cual representa un riesgo para su formación debido a la exposición temprana.

 era digital

 

Algunos de los efectos negativos de una exposición temprana y prolongada a dispositivos electrónicos, como teléfonos inteligentes o tabletas, son:

  1. Perjudican el desarrollo intelectual, motriz, afectivo y las habilidades sociales.
  2. Interfieren los ciclos de sueños.
  3. Aumentan el riesgo de obesidad y sedentarismo.
  4. La exposición constante a estos aparatos aumenta las probabilidades de miopía y astigmatismo.
  5. Dolores de cabeza, problemas cervicales y mal humor.
  6. Generan adicción a la tecnología, reduciendo su tolerancia a la frustración al no tener acceso a ella.

    Según un estudio de la Academia Americana de Pediatría y la Sociedad Canadiense de Pediatría, reveló que los bebés de 0 a 2 años no deben tener contacto alguno con la tecnología, los niños de 3 a 5 deberían estar expuestos máximo 1 hora al día, y los pequeños de 6 a 12 años solo 2 horas diarias.

    Las principales razones para prohibirles estas actividades asociadas al uso de dispositivos electrónicos están asociadas al daño que pueden causar en su desarrollo. Afectan su desarrollo cerebral, asociado al déficit de atención, problemas de aprendizaje, aumento de impulsividad y la falta de autocontrol. Incluso hay estudios que comprueban que una dependencia a estas tecnologías está asociada a las altas tasas de depresión y ansiedad infantil, generando problemas de sociabilidad y un rechazo a las actividades físicas y de contacto con otras personas.

    Si bien estos gadgets electrónicos abarcan cada día más aspectos de nuestra vida cotidiana y parece casi imposible prohibirlos, la responsabilidad de los padres es vigilar que sean utilizados correctamente, limitando el tiempo que se dedica en ellos, sustituyendo las largas tardes de juegos y videos por opciones como actividades físicas, artísticas e intelectuales.

    Los teléfonos inteligentes y las tabletas nunca podrán sustituir la experiencia de la lectura de un buen libro, ni las tardes de juego con amigos o hermanos. Como adultos responsables, debemos prevenir los efectos adversos de la exposición prolongada a las nuevas tecnologías, dedicando solamente las horas adecuadas para la edad de los peques.

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    Alternativas a los dispositivos móviles

    Muchas veces los dispositivos, como celulares y tabletas, sirven como alternativa al aburrimiento o cuando los padres no pueden centrar su atención en sus hijos, ya sea porque se encuentran haciendo compras, esperando una cita en el médico, o solo están descansando, pasando el rato en casa. Para estos casos pueden recurrir a cuentos, libros para colorear, una libreta de dibujo, juguetes o juegos de construcción.

    La Asociación Americana de Pediatría anima la estimulación lectora con 5 ejes principales que todos podemos adaptar a nuestro contexto familiar:

    1. Leer en familia todos los días, aunque sea 15 minutos. Al terminar la semana, habrán leído casi por un espacio de 2 horas.
    2. Haciendo rimas y juegos de palabras. De esta forma le enseñarás a tus peques que el lenguaje es también una herramienta creativa.
    3. Establecer rutinas y respetarlas, teniendo horarios para la comida, la tarea, la lectura, el juego y la TV. Un comportamiento reiterado ayuda a fortalecer su seguridad, su motivación y trazar sus metas, sabiendo aprovechar su tiempo de forma integral.
    4. Mostrando elogios como recompensa a sus éxitos cotidianos, ya sea escolares, personales o lúdicos. Esto motiva su aprendizaje y las ganas de mejorar, de conocer más y seguirse esforzando.
    5. Establecer relaciones de confianza y apoyo, donde sus opiniones, gustos y anhelos sean tomados en cuenta.

    Es muy importante para el desarrollo de tus hijos que les enseñes a jugar. ¿De qué manera? Pues jugando con ellos. De esa forma aprenden que jugar no es solo cosa de niños, y que usando su imaginación y los medios a su alcance pueden pasarla incluso mejor que pegados a una pantalla.

    Para fomentar la lectura por encima del uso de gadgets no debemos esperar a que los niños sean grandes. Los pediatras recomiendan la importancia de cantar y contar cuentos cortos a los bebés, de ofrecerles cuentos ilustrados una vez hayan crecido lo suficiente. Tener a su alcance libros para niños es de vital importancia, ya que son fabricados especialmente para captar su atención y ejercitar sus destrezas. Conforme van madurando es posible introducir historias más extensas sobre temas más variados que llamen su atención y fomenten su curiosidad.

     libros y pantallas

    Nunca es demasiado pronto para fomentar el interés por la lectura. La lectura entre padres e hijos crea un lazo que se ve fortalecido por las muestras de cariño, aportando a la seguridad de cada niño una experiencia de apego sin igual.

    Los niños aprenden observando a los adultos, reproduciendo sus conductas en los entornos donde se desarrollan. Si no queremos que pasen las horas con el móvil o la tableta, no hagamos lo mismo. Procura realizar actividades al aire libre y darle la oportunidad de jugar con otros niños de su edad.

    Aunque en el tiempo de pandemia y el confinamiento las pantallas hayan sido un canal de estudio y entretenimiento para los pequeños, evitar sus efectos negativos es cosa de regular el tiempo frente a estos gadgets, haciendo un buen uso de ellos y limitando las horas que pasan jugando o viendo videos, dándoles un momento de ocio y no un abuso del mismo. Recuerda que en pequeños menores de 3 años el mejor uso es no usarlos.

    La tecnología móvil es una herramienta valiosa, pero no debe reemplazar por completo la experiencia de la lectura en papel. El equilibrio entre libros y pantallas es la clave para fomentar la curiosidad, el aprendizaje y el amor por la lectura en la era digital.

     

     

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