¿Mamá primeriza? Claves para cuidar al bebé recién nacido

El momento del parto es una de las preocupaciones más grandes para una mamá primeriza, sobre todo los días previos al gran día, pero realmente la prueba de fuego ocurre los días posteriores al llegar a casa con el nuevo bebé. Y es que ningún pequeñito viene con un manual de instrucciones bajo el brazo, por ello te compartimos algunos consejos que esperamos te sirvan de mucha ayuda.

Vayamos paso a paso

Después de dar a luz comienza el periodo conocido como puerperio, etapa donde empieza el proceso de recuperación del cuerpo de la madre para volver poco a poco al estado en que se encontraba antes del embarazo. Esto incluye el funcionamiento hormonal y el reacomodo de los órganos internos, pudiendo durar entre 40 días y un par de meses, aunque puede alargarse incluso hasta un año. Se caracteriza por una serie de transformaciones progresivas en el orden anatómico y funcional del cuerpo, iniciando con la expulsión de la placenta y el comienzo de la lactancia, y terminando cuando se regulan los ciclos menstruales de la madre.
A estos cambios internos hay que sumarles que una nueva personita se encuentra 100% dependiendo de los cuidados de mamá y papá. Por eso es importante la coordinación y comunicación en pareja, pues además de las nuevas atenciones que demandará el bebé, se agregan los cambios físicos y hormonales de mamá, lo que podría complicar sus actividades durante los primeros días.

¿Cómo es el primer día de vida del bebé?

El recién nacido ha llegado al fin al del embarazo después de unas 38-40 semanas de gestación (a veces menos, cuando son embarazos prematuros), pesando entre 3 y 3.300 kgs y con una altura entre los 45 y 50 cm. Algunas características de un recién nacido son: 

  • Puede que tenga los párpados hinchados, al igual que otras zonas sensibles como la entrepierna. Es muy normal y con el paso de los días se solucionará.
  • Una especie de capa blanca cubre su cuerpo, se conoce como vérnix caseoso y es producida por las glándulas sebáceas durante el desarrollo del feto. Su función principal es proteger la piel del bebé de la resequedad. Tiene propiedades antibacterianas, hidratantes y ayuda a mantener la temperatura del cuerpo del pequeñito.
  • Sus extremidades se encuentran contraídas y en semiflexión.
  • Su abdomen luce abultado.
  • El cordón umbilical cuelga del centro de su pancita.
  • Su corazón late muy deprisa. También su respiración puede parecer a ratos agitada y a veces tranquila.
  • Hace múltiples ruidos, ya sea al comer, durmiendo o en el transcurso del día. Hay que permanecer atentos a esos ruidos, ya que es muy común que su nariz se tape, por lo que necesitarás una perilla para deshacerse de esa molesta mucosidad. 
Como te lo podrás imaginar, el primer día de regreso a casa será el más emocionante, aunque también será un momento un tanto sensible para las mamis. No subestimes la importancia de tenerlo todo más o menos organizado para sentirte a gusto. Organiza también las visitas, y, sobre todo, las comidas, ya que eso te quitará un peso de encima para poder concentrarte más en el nuevo integrante de la familia. Tu principal preocupación después del parto deberá ser recuperarte cuanto antes para alcanzar una sensación de bienestar. 
Los cambios hormonales, además de la nueva carga de responsabilidad, pueden acarrear una sensación de nerviosismo y ansiedad que incluso podrían derivar en una depresión postparto. Por ello es importante organizar relevos en el cuidado del bebé, y, en medida de lo posible, realizar actividades para incrementar la producción de endorfinas de manera natural.
El ejercicio físico es un excelente remedio para combatir esos síntomas de depresión, ya que puede realizarse progresivamente conforme la nueva mamá se sienta mejor. Además de ser una actividad saludable, ayuda a descargar tensiones, disminuye la ansiedad y genera una sensación de bienestar general. Además, ayuda a mejorar la calidad del sueño, otra parte fundamental en este proceso, ya que un buen descanso es importante para la recuperación física y mantenerse de buen humor durante el día para atender al nuevo peque.
En las recomendaciones anteriores faltó hacer hincapié en un punto fundamental: la alimentación. No solo basta con tener la comida lista, es de bastante interés que se mantenga una dieta equilibrada después del parto, pues debe aportar los nutrientes necesarios para la producción de leche materna y el restablecimiento de su bienestar físico en general. La dieta de una mami después del alumbramiento debe ser rica en líquidos abundantes, pues la producción de leche materna puede llegar a causar deshidratación. Además de agua purificada, se recomiendan los jugos naturales, caldos de verduras e infusiones sin cafeína.
Los alimentos ricos en proteínas ayudan a la reparación del tejido muscular y proporcionan los aminoácidos necesarios para la lactancia. Al igual, las fuentes de calcio y grasas saludables ayudan a mantener la salud ósea de la madre y el desarrollo del bebé lactante. Y claro, no podemos dejar de lado las frutas y verduras, que son fuente de vitaminas, minerales y antioxidantes, así como los alimentos ricos en hierro, como legumbres y cereales fortificados, que ayudan para recuperar los niveles en la sangre y mantener la energía durante el día.
Es posible que el médico te recomiende algún suplemento, pueden ser vitaminas, ácido fólico, omega-3, complejo B, que ayudan a complementar la dieta. También habrá algunos alimentos que deberás evitar, pues pueden generar molestias en el pequeñito a través de su ingesta por medio de la lactancia. Estos pueden ser alimentos altos en gluten, algunos lácteos y los alimentos picantes. Observa la reacción de tu bebé después de amamantarlo y presta atención si es que muestra algún signo de sensibilidad.

La higiene del recién nacido

Los cuidados del recién nacido son bastante sencillos, pero muchas veces nos encontramos con información contradictoria de distintos sitios web, revistas, e incluso de profesionales de la salud. Es importante utilizar el sentido común, confiar en el instinto y observar los cambios que ocurren en el bebé, en su estado de ánimo y reacciones físicas. La higiene es un punto importante a considerar.
  • El cordón umbilical. Hay que mantenerlo limpio y seco, no se necesita aplicar algo sobre de él, tampoco tenerlo rodeado de gasas ni con vendas. Se lava con agua y jabón y se seca con cuidado. Suele caerse por sí mismo a los 15 o 20 días. Hay que tener cuidado de no cubrirlo con el pañal, vigilar que no muestre señales de secreción o tenga un mal olor.
  • Los cambios de pañal. Las primeras evacuaciones del bebé se llaman meconio, son de un aspecto viscoso y casi negro. Conforme pasan los días cambian hasta ser líquidas y de color mostaza. El número de estas mismas varía dependiendo del ritmo de alimentación de cada peque, pero lo más normal es que tengan mínimo una diaria. Es muy común que tengan gases, por ello es recomendable realizar ejercicios y masajes para eliminarlos.
  • El baño. La hora del baño debería ser un momento relajante para el nuevo bebé, procurando que el agua tenga una temperatura adecuada y cuenten con los materiales necesarios a la mano, como jabón y champú hipoalergénicos, una toalla para secarse y su ropa. Debemos evitar usar hisopos, así como también tener cuidado con los aspiradores nasales para no lastimar su pequeño cuerpo. En el caso de la higiene oral, es suficiente lavar la boquita con una gasa empapada con agua purificada.
  • El sueño. Los bebés duermen la mayor parte del día, es conveniente que durante los primeros meses duerman en la habitación de sus padres. Pueden descansar boca arriba o recostados sobre su pancita, como ellos se acomoden. 

El cuidado del bebé recién nacido demanda nuestra atención constante y la participación de ambos padres. A medida que pasen los días, te darás cuenta de que esta nueva experiencia viene acompañada de muchos aprendizajes, con paciencia y apoyo podrán adaptarse a esos cambios en casa. Descubrirán en familia que cada día es una oportunidad para aprender y fortalecer el vínculo con el nuevo integrante. Aprovecha este tiempo para cuidarte a ti misma también, tu bienestar y estado de salud son garantías para el bienestar de tu pequeñito.
Presta atención a los cambios y reacciones de tu bebé, permanece en comunicación con su pediatra por cualquier duda que pueda surgir en el proceso, y, sobre todo, confía en tu instinto maternal. Que el amor y cariño por tu bebé sean los principales motivantes para dar lo mejor de ti para su cuidado.
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