Los animales y el desarrollo infantil

Hay una conexión especial entre humanos y animales, por ello disfrutamos conviviendo, acariciándolos, observándolos, o simplemente compartiendo nuestros días a su lado. Pueden ser perros, gatos, gallinas, cerdos, cabras, aves, peces o reptiles; las personas, y en especial los niños, los adoran. 
Los pequeños y las pequeñas observan a los animales, miran con atención como se mueven, como caminan y corren, como se alimentan, recibiendo información de ellos de manera instintiva y poco a poco, a raíz de la convivencia o la investigación, asocian sus necesidades con las que ellos tienen. Esta relación fomenta la empatía, favoreciendo que conecten con las semejanzas que tiene el otro, percibiendo sus cuidados y la importancia de atenderlos.
 
Desde su nacimiento, los pequeños exploran todo lo que encuentran a su alrededor, y los animales desempeñan un papel crucial en su crecimiento emocional, social y cognitivo. Ya sea conviviendo con una mascota en casa, visitando un zoológico o algún área natural, o bien, leyendo libros interactivos, fortalecen una conexión que favorece su crecimiento y desarrollo integral. Cuando todavía no alcanzan las capacidades necesarias para hablar, los niños memorizan onomatopeyas sencillas que son muy prácticas en la comunicación adulto-bebé, siendo las más comunes las que hacen alusión a ladridos o maullidos.
Cuidar a una mascota enseña a los pequeños la importancia de ser responsables y considerados con los seres vivos. No es de sorprenderse que un niño o niña sea fan de todo tipo de animales, ya que son protagonistas de sus cuentos, caricaturas y películas favoritas. Hace tiempo que los productores de cine y televisión, así como los editores, entendieron que sacar a escena osos, conejos, leones y demás animales es una fórmula que atrae la atención de los más pequeños. Es muy común entre el público infantil sentirse especialmente atraídos por los mamíferos, se identifican con ellos porque suelen aparecer humanizados y con actitudes infantiles.
Otro tema bastante popular entre los peques son los dinosaurios, que, aunque están extintos desde hace millones de años, atraen la atención de los niños a veces hasta el punto de obsesionarlos. Esta obsesión es más recurrente alrededor de los 3 y los 6 años, aunque puede presentarse un poco después y mantenerse como una afición particular. Este gusto, además, puede derivar en un interés general por la historia y los museos,lo que aporta aspectos positivos a la formación de su personalidad.
 
Aunque claro que los pequeños prefieren a los animales en vivo, por lo que sienten fascinación por animales tan grandes como una vaca o un caballo, e incluso felinos grandes como un león o un tigre. Las granjas, los zoológicos, los refugios de vida silvestre y los santuarios donde resguardan especies animales son ejemplos de espacios adecuados para su esparcimiento, siendo lugares ideales en los que los peques pueden convivir con especies y aprender de ellas en un ambiente sano y seguro.
La interacción con los animales también puede instruir a los niños en valores fundamentales, como el respeto, la tolerancia y la diversidad. Aprenden a tratar a los animales con compasión y cuidado para sentar las bases que ayudan a comprender la importancia de tratar a todas las formas de vida con respeto y consideración.
A partir de esta relación de respeto a la vida es como los niños reconocen a los animales como seres autónomos, creando una conexión emocional que puede desarrollarse de forma profunda y significativa. Los niños pueden ver en su mascota a un amigo incondicional. Las mascotas, en particular, actúan como confidentes silenciosos, brindando consuelo y apoyo emocional a los pequeñitos en momentos de estrés o ansiedad. Esta relación puede ser un ancla emocional para los peques, ayudándoles a lidiar con emociones complicadas y a entender el concepto de amor y lealtad.
 
Además, cuidar de los animales implica las ideas de responsabilidad y compromiso, lo que ayuda a los pequeñitos a desarrollar una sensación de autoestima y logro personal. Cederles tareas y responsabilidades como alimentar, bañar o pasear a una mascota genera en los peques una sensación de importancia y propósito. Siendo testigos de cómo sus acciones benefician el nivel de vida de otro ser vivo, contribuyendo positivamente a su desarrollo emocional y a su sentido de responsabilidad. 
Por si fuera poco, los animales son una fuente natural de movimiento y juego para los niños. Les encanta correr detrás de un perro, jugar con los gatos, montar a caballo o simplemente observar a la fauna silvestre llevar a cabo sus actividades comunes. Esta interacción promueve un estilo de vida saludable y activo, mejorando la coordinación motora y la fuerza física, y fomentando el hábito de pasar tiempo en áreas naturales como forma de esparcimiento saludable.
 
Se ha demostrado que la interacción con animales reduce los niveles de cortisol (hormona relacionada con el estrés) y disminuye la presión arterial. Otros estudios han demostrado que los animales reducen la sensación de soledad, aumentando los sentimientos de apoyo y motivación para mejorar el estado de ánimo de las personas.
También pueden ayudar en procesos siendo una fuente de consuelo y apoyo. Los perros de terapia son muy buenos para esto, por ello, a veces son llevados a hospitales para ayudar a reducir el estrés y la ansiedad de los pacientes. Incluso son buenos para ayudar en el aula, ya que sirven como animales de compañía para pequeñitos diagnosticados con TDAH, ayudándoles a mostrar mejores habilidades sociales, como el intercambio, la cooperación y participación voluntaria, mejorando su comportamiento en clase.
Otro estudio demostró que los niños con trastorno del espectro autista  se mostraron más tranquilos mientras jugaban con cobayos en el aula. Cuando los pequeños pasaron diez minutos en un grupo de juego supervisado jugando con cobayos, sus niveles de ansiedad disminuyeron y demostraron mejores interacciones sociales. 
Si bien las mascotas pueden tener una amplia gama de beneficios en la salud física y mental de los peques, un animal puede no funcionar para todos. La exposición temprana a mascotas puede proteger a algunos niños de alergias y asma, desarrollando anticuerpos y mecanismos de defensa en su organismo, aunque también puede suceder lo contrario y despertar los síntomas. Por eso es importante que los pequeños convivan con animales para observar su reacción antes de adoptar una mascota para formar parte de la familia.
La relación entre niños y animales trasciende más allá de la simple convivencia. Esta conexión ofrece a los pequeños una oportunidad invaluable para crecer en un entorno que fomenta la empatía, la responsabilidad y el amor por otras formas de vida. La interacción con animales no solo promueve el desarrollo cognitivo, emocional y social de los niños, sino que también les brinda un sentido de propósito y autoestima al asumir responsabilidades en el cuidado de una mascota.
Los beneficios terapéuticos de la convivencia con animales han demostrado reducir el estrés, promover la interacción social y mejorar el estado de ánimo en situaciones diversas. Aunque es esencial considerar las posibles reacciones alérgicas o de incomodidad, la interacción temprana a varias especies de animales puede ofrecer a los niños una oportunidad para crecer y aprender de un ambiente enriquecedor, lleno de afecto y aprendizaje mutuo.
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