El espíritu de la Navidad

 

El espíritu de la Navidad

 La Navidad, y en general todas las fiestas decembrinas, son momentos mágicos. Las luces de las ciudades se multiplican y adornan cada esquina, se respira una ilusión en el aire, el sonido de los villancicos se instala como cinta sonora del ajetreo diario y la ilusión se asoma en los ojos de pequeños y grandes. Además de ser una temporada marcada por los intercambios y las muestras de afecto, podemos rescatar los valores que cimientan las bases de estas festividades para enseñar a los pequeños el verdadero espíritu de la Navidad.
 Como podemos imaginarlo, muchos pequeñitos se muestran ansiosos por la llegada de esta fecha; esperando la llegada de Santa, los Reyes Magos, el Niño Jesús, San Nicolás o Papá Noel; y con ellos también sus deseos consumados en forma de obsequios y momentos mágicos en familia.  
 Demostrarles a los niños nuestro cariño a través de regalos no está mal, todos tenemos necesidades y anhelos que solventar, y consentirlos es una forma de materializar nuestro afecto. Sin embargo, no debemos centrar nuestra atención en ello, sino en el hecho de pasar las fiestas juntos, agradeciendo por otro año más, destacando los valores de amor, alegría y felicidad que hacen de la Navidad una fecha tan importante.
 El espíritu de estas fiestas no es una postura predispuesta, más bien proviene de una larga cadena de tradiciones muy antigua que encuentra sus orígenes en culturas remotas. Prácticamente todas las culturas del mundo tuvieron una forma de celebrar este acontecimiento, instaurando algunas de las costumbres más emblemáticas como adornar un pino y compartir un festín con sus seres queridos.
 Si bien no podemos obligar a los niños a dejar de lado su ilusión material por ver sus obsequios debajo del arbolito de Navidad, podemos tener ciertos gestos que les permitirán descubrir lo maravilloso que puede ser compartir y agradecer más allá de recibir regalos durante la temporada navideña.  

 ¿Cómo podemos crear un ambiente navideño en familia?

 Transforma la atmósfera en casa

 Para empezar, si quieres que tus hijos tengan espíritu navideño, deben crecer en un ambiente propicio, por lo que tu actitud debe reflejar el gozo y felicidad que provocan estas fechas. Si ellos mismos comprueban las ganas que tienes de que llegue la Nochebuena, aumentarán sus ganas de celebrar. Establecer una costumbre familiar que se lleve a cabo en Navidad hará que los niños se sientan involucrados. No necesita ser algo costoso, puede tratarse de algo tan sencillo como escoger su villancico favorito y entonarlo al unísono, visitar a sus familiares lejanos, preparar una ensalada de manzana, o bien, hornear un pastel o galletas.

 Decoraciones de temporada 

Si buscas que el espíritu navideño se instale en tu hogar, puedes comenzar por decorarlo. Aunque no es necesario llenar la casa de iluminación, muérdago y adornos de renos o muñecos de nieve, puedes proponerles a tus hijos hacer manualidades que sirvan para decorar las ventanas, o incluso el árbol de Navidad. De esta forma crean un vínculo especial que ayude a asociar a tus hijos esta festividad con ver a su familia trabajando unida y contenta.

 Adentrándose en el mood de temporada 

Las películas y cuentos de Navidad también son una excelente manera de transmitir los valores esenciales de esta fecha. Aunque son títulos clásicos que podemos disfrutar en cualquier época del año, no hay mejor manera de disfrutarlas que con una bebida caliente, un rico snack y la compañía de mamá y papá. 
Entre todas estas recomendaciones para transmitir la alegría de la Navidad, no olvides el más importante: ¡No satures a tus hijos de información navideña! Sobrecargar sus días con decoraciones y villancicos puede resultar contraproducente. Por mucha que sea tu ilusión, no es recomendable atiborrar a los pequeñitos porque terminarán por rechazar todo lo que tenga que ver con Santa y los villancicos. Aunque claro, probablemente no se nieguen a los obsequios.

 La esencia de esta celebración 

Otra acción que resulta bastante significativa para pequeños y grandes, es asistir a algún albergue u hospital público para obsequiar bebidas calientes y refrigerios a las personas que se encuentran atravesando una situación desafortunada. De esta manera les enseñamos la importancia de compartir, un sentimiento que nos ayuda a dar gracias por lo mucho o poco que tenemos y a repartirlo con alegría de manera desinteresada, con el único fin de repartir la fortuna con la que la vida nos ha colmado entre nuestros semejantes. 
La Navidad es mucho más que solo regalos debajo de un árbol decorado y luces brillantes. Se trata de celebrar los valores universales de amor, gratitud y generosidad que trascienden las fronteras culturales y temporales. Enseñar a nuestros hijos el verdadero espíritu navideño no solo implica compartir momentos y tradiciones familiares, sino también fomentar la empatía hacia quienes nos rodean. Cultivar un ambiente de alegría, participación y agradecimiento en casa, a través de gestos sencillos y solidarios, alimenta el corazón de todos, recordándonos que la verdadera magia de la Navidad radica en el dar y compartir con amor y generosidad.

 ¡Felices fiestas!

 

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