Carta pedagógica: Consejos para acompañar el duelo en la infancia

Acompañamiento del libro:  Es así

Acompañar un duelo es una tarea complicada de llevar a cabo, y cuando se trata del acompañamiento para un pequeñito puede ser más delicado, pues en algunos casos es posible que sea necesaria la intervención de un especialista, aunque sea para abordar la situación con un consejo para la familia, o incluso si es necesario, una terapia para superar el proceso.
Puede que a lo largo de la vida se presenten varios sucesos de duelo por los que una persona pueda pasar. Y es que un proceso de este tipo no solo sucede cuando nos despedimos de un ser querido, también se vive en cualquier situación de la vida en la que experimentemos una sensación de perdida (puede ser la pérdida de un trabajo, el fin de una relación, de una amistad, mudarnos a un nuevo lugar, alguna mascota extraviada o el fallecimiento de alguien a quien admiramos).
Cada persona vive el duelo de forma distinta, pero, sobre todo, en función de la edad en la que experimenta esa pérdida. En el caso de los niños, sus emociones y reacciones van a ser más complejas, pues carecen todavía de un control emocional o una gestión de sus sentimientos adecuada. Por ello, es necesario que papá y mamá sepan que hacer para acompañarlos durante una etapa tan difícil y desconocida para ellos.
Es bastante común que los padres se pregunten cuándo puede ser un buen momento para abordar el tema con sus hijos, y es cuando sucede la pérdida de un ser querido que se encuentran en la necesidad de explicarlo, pero sin contar con herramientas previas para tratarlo.
Hablar sobre el ciclo de la vida y cómo culmina con la muerte debería ser visto como una herramienta preventiva durante la infancia, para anticipar un escenario que impacte emocionalmente a los niños. Podemos aprovechar su curiosidad innata para que cuando pregunten algo relacionado con la muerte podamos platicarles sobre qué significa morir. Antes de que llegue ese momento, es importante reflexionar como padres sobre nuestras creencias y así evitar transmitir prejuicios o miedos a nuestros peques.
Hay que tratar el tema con honestidad y sin tapujos, de manera clara, pero con el tono adecuado según la madurez y entendimiento de cada pequeñito, para no causarle alguna angustia o preocupación a lo largo de su desarrollo. Por lo general, los niños menores de 5 años tienen dificultades para entender lo que significa que alguien ha partido de este plano, ya que su capacidad de entendimiento no se encuentra lo suficientemente desarrollada, así que es recomendable utilizar ejemplos de su vida cotidiana para ilustrarlo y de esta forma evitar confusiones que pueden transformarse en miedos o inquietudes.
Necesitamos utilizar ejemplos prácticos y claros sobre qué es la muerte, como hacer una comparación con personajes animados de sus programas favoritos (los cuales pueden sobrevivir a sucesos mortales o revivir casi sin problemas) y la realidad: explicar que cuando alguien muere, su cuerpo deja de responder, lo que significa que ya no podrá levantarse, caminar, comer ni respirar, y que no volverá a hacerlo más. Puede ser algo difícil de abordar, pero es la manera correcta en la que los niños pueden entender la muerte y su proceso.
Podemos recalcar que la muerte solo afecta al cuerpo de las personas, por lo que su recuerdo, los sentimientos que transmitía hacia sus seres queridos, sus enseñanzas y anécdotas siguen vivas y nos acompañan en lo más profundo de nuestros corazones, dejando una huella imborrable. Esta es una bonita reflexión que puede acompañar a tus hijos al momento en que fallece alguien cercano a ellos, como un abuelito, tío, maestro, etc. 
Es alrededor de los 5 años cuando los niños comienzan a formar un sentido de lógica, desarrollando mejores capacidades cognitivas y del lenguaje, mismas que los llevan a formular preguntas más profundas. Comienzan a asociar el impacto de la muerte con respecto a su propia vida, cuestionándose si es que la muerte duele, si una persona que ha fallecido puede escuchar, si habrá algún momento en que puedan volver a encontrarse, etc. Hay que tener mucha paciencia para responder sus dudas de forma directa, sin utilizar frases como “esa persona está dormida”, “se encuentra en un viaje muy largo” o “lo necesitaban en el cielo”.
Es normal que, a partir de una pérdida cercana, los niños teman sobre su propia vida o la de sus padres, hermanos o amigos. Eso puede manifestarse con malas actitudes, problemas escolares, cambios de humor o dificultades para conciliar el sueño, además de cuestionarse continuamente sobre su vida, con la probabilidad de desarrollar miedos o una actitud más reservada.
Para acompañar adecuadamente a un pequeñito o pequeñita durante el proceso de duelo debemos hacerlo con paciencia y dedicándole mucho tiempo, amor y cariño. Los niños necesitan sentirse amados y en un entorno seguro, y hacerlos sentirse protegidos es nuestra labor principal ante una situación tan desgarradora como la muerte de alguien cercano. Incluso si nosotros también estamos pasando por un duelo, es necesario expresar nuestros sentimientos para demostrar que está bien llorar o sentirnos tristes para superarlo. 
Dejar que los niños practiquen algún deporte, jueguen con otros niños o que se pongan en contacto con la naturaleza pueden ser herramientas para superar el proceso, esto los ayudará a despejar sus pensamientos y a sentirse mejor, aunque sea paulatinamente, con el tiempo el sentimiento se irá despejando. Es importante abordar el tema antes de ser sorprendidos por un suceso. Anima a tus peques a ser consientes, a cuidarse y cuidar a quienes los rodean, siendo amables y agradecidos con lo que tienen y con las personas que quieren, porque vida solo hay una y lo mejor es vivirla rodeados de amor, cariño y alegría.

 

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