Carta pedagógica : Enseñando a los niños la importancia de la limpieza

Acompañamiento del libro: Los siete tremendos cabritillos

Una higiene adecuada es un acto de amor que promueve el crecimiento saludable de niños y niñas. La implementación de buenos hábitos de higiene desde una edad temprana de la niñez tiene un impacto positivo en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los pequeñitos, ya que les brinda las bases de un futuro saludable.     
La etapa preescolar es el periodo donde los niños comienzan a explorar el mundo con una mayor libertad, aprendiendo algo nuevo cada día, por lo que es el momento ideal para enseñarles rutinas de cuidado personal que los acompañarán toda la vida. Hay un dicho que dice: “la higiene es la mitad de tu salud”, por lo que es muy importante que los peques aprendan hábitos de higiene personal a una edad temprana.
Durante los primeros años de vida es cuando los pequeñitos adquieren las características para desarrollar su personalidad y adquirir nuevas capacidades, destrezas y habilidades. Es un buen momento para potenciar el desarrollo de su autonomía personal. Comienza su proceso de madurez, y la disposición de padres, familiares y docentes por enseñarles cosas nuevas deja una huella permanente.
 

Los hábitos de higiene básicos que debe aprender son:

  • La ducha diaria
Es algo que les encanta a muchos cuando son bebés, aunque puede que con el pasar de los años se vuelvan renuentes a tomar un baño. Procura enseñarle que es un proceso relativamente sencillo, primero con tu ayuda, y tal vez en lugar de la regadera prefieran una tina. Puedes convencerle dándole permiso de acompañar la ducha con algunos juguetes. De esta manera aprenderá a bañarse con sus juguetes favoritos, repitiendo el proceso con ellos y aprendiendo a lavarles el cabello, el cuerpo, a enjuagarlos, lavarle los dientes y secarlos.
  • El lavado de manos
Un aspecto esencial en la higiene de todos los días. Debemos enseñarles a los niños que es muy importante lavarse las manos, sobre todo cuando han pasado un rato jugando en el piso, en el patio o el parque, antes de comer, después de volver del colegio, de jugar con sus mascotas y después de ir al sanitario.
  • Higiene dental
Una vez que han aparecido los primeros dientes de un bebé, se recomienda cepillarlos con un cepillo de cerdas suaves y una pasta dental enriquecida con flúor. Una vez hayan crecido para poder llevar a cabo la limpieza por su cuenta, es importante enseñarles a usar el hilo dental y a realizar este proceso de limpieza tres veces al día. Con tu ejemplo y la repetición constante, no debería ser difícil inculcar este hábito.
  • Limpiarse la nariz con un pañuelo
El mantener la nariz limpia es bastante importante para nuestra imagen personal, además de que al utilizar pañuelos desechables evitamos el riesgo de contagiar a otras personas si es que tenemos gripa o catarro.
  • Secarse bien después de la ducha
Así como es importante el aseo diario, aprender a secarse correctamente juega un papel importante en el proceso. Tener una toalla propia y no compartirla con nadie, usar toallas de papel para secarse las manos, así como asegurarnos de secarnos correctamente los pies, en pliegues del cuerpo y cualquier parte que sea susceptible de desarrollar hongos es algo primordial para evitar problemas de salud o molestias derivadas de este pequeño, pero significativo detalle.
  • Proteger las heridas
Las caídas, los rasguños, rozaduras y algunas pequeñas heridas superficiales son algo constante para los niños inquietos. Deben limpiarse con agua y jabón, desinfectar el área con algún limpiador de heridas y cubrirla con una venda si es necesario. Los curitas no son recomendables, ya que evitan el proceso de cicatrización al producir humedad en la zona. En caso de heridas que no dejan de sangrar o presentan cierto nivel de profundidad, lo mejor es acudir a urgencias para una valoración médica.
Además de la limpieza personal, los niños deben aprender a limpiar su entorno y mantenerlo ordenado. Esto incluye mantener su ropa limpia, el aseo de su habitación, el lavado de platos, el barrido y fregado de pisos y la desinfección de superficies, así como mantener el patio o el área donde permanezcan más tiempo sus mascotas (si es que tienen). De esta forma, mamá y papá enseñan que la limpieza es sinónimo de salud y bienestar.
Para motivar a los peques a mantenerse limpios y a hacerse la idea de que el aseo es sinónimo de comodidad, pueden incluirlos en el proceso de limpieza. Desde recoger sus juguetes, ropa sucia, ayudar a lavar la ropa, el patio o los trastes, hay actividades sencillas en las que pueden colaborar, sintiéndose incluidos en la rutina de limpieza. Esto les ayuda a formarse la idea de que pueden ser partícipes en el proceso, sintiéndose bien consigo mismos y mejorando su imagen personal.
No tienen por qué asociar estas actividades con algo tedioso o aburrido, más bien debemos incluirlos en el proceso, pues de esta manera repartiremos las tareas de casa y podremos incluirlas dentro de la rutina diaria para evitar que consuman una gran parte de tiempo.
Enseñar a los niños la importancia de la limpieza es una forma de ayudarlos a desarrollar una personalidad positiva. Los padres podemos motivar a nuestros pequeños a mantenerse limpios, o en todo caso, a disfrutar asearse y elegir permanecer bien presentables (los niños siempre serán niños, déjalos ensuciarse en el lodo o brincar en la lluvia para después tomar una ducha). La hora del baño, el cepillado de dientes, elegir su muda de ropa limpia, todas son actividades que pueden disfrutar, y al integrar estas actividades a su rutina también aportamos a su autoestima y la conformación de su personalidad. 
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